En cada desaparición se repite la misma historia de horror: las autoridades no hacen nada. Criminalizan. Revictimizan.

Brayan Eduardo Arias Garay, 20 años
Pantalón de mezclilla, botines color café, playera negra, secuelas de acné en cara, pecho y espalda, tatuaje en el pecho del lado derecho, dos lunares en la parte trasera de cada rodilla. Visto por última vez por la calle Juan Escutia en Tepic, Nayarit, a una calle de su casa mientras iba rumbo a su trabajo.

Por: Aranzazú Ayala Martínez

Desaparecidos. Tepic, Nayarit.- No hay noticias de Brayan. Desde que salió a su trabajo en un puesto de hamburguesas el 6 de febrero de 2018, a pocas calles de su casa en Tepic, Nayarit, no hay rastro de él. Lo que se sabe es lo que ha investigado Virginia Garay, su mamá, desde que se dio cuenta que Brayan Eduardo no regresaba.

En cada desaparición se repite la misma historia de horror: las autoridades no hacen nada. Criminalizan. Revictimizan. No investigan. No dan pistas, sólo un muro de silencio e impunidad. El día que Brayan desapareció Vicky corrió a la Fiscalía a denunciar, pero no la atendieron.

“Fui inmediatamente a poner la denuncia, pero no quisieron, me decían es que está joven, seguro se salió, que se le hizo fácil irse con un amigo”, aseguró Vicky.

Pero eso no pasaba, porque su hijo siempre se comunicaba con ella y con su esposo. Tanto que, en la sábana de llamadas -obtenida dos años después de la desaparición del muchacho que en ese entonces tenía 20 años- los números más frecuentes son los de su mamá y su papá.

Al ver que no la atendían, Vicky fue a la delegación de la entonces Procuraduría General de la República (PGR) pero le dijeron que no era de su competencia y tuvo que regresar a la Fiscalía.

“Hasta que vieron que en todo el día no me moví, ahí me recibieron la denuncia. Ya habían pasado días y comenzó ahí el calvario”, dijo.

La funcionaria que estaba anotando la declaración de Vicky no le ponía atención. Estaba platicando. Riéndose. Viendo su teléfono. Cuando le extendió las hojas para que firmara la copia de su declaración, las cosas estaban al revés, no concordaba con lo que les había dicho.

Tampoco le quisieron dar copia de la Carpeta de Investigación (CDI). Ese día la señorita que la atendió en la Fiscalía de Nayarit cortó un trozo de papel, anotó el número de la denuncia, el expediente, un teléfono y se lo dio a Vicky. Eso fue todo.

Al día siguiente siguió la búsqueda y fue a unidad especializada en secuestros, también fue a buscar si Brayan había sido detenido y estaba preso en algún lugar, pero tampoco. Ninguna pista, pero sobre todo ningún interés ni empatía.

La revictimización ha sido constante, porque una y otra vez ha tenido que declarar lo mismo ante distintos funcionarios que no le ponen atención, que criminalizan a su hijo. Le preguntan si salía, si se drogaba, con quiénes andaba.

Una persona le dijo que vio cómo una camioneta de la Fiscalía se detenía para revisar a Brayan ese día, en una de las llamadas “revisiones de rutina” en las que arbitrariamente llegan por alguien y sin más se lo llevan.

Pero la Fiscalía negó que hubiera habido algún operativo ese 6 de febrero. La mamá de Brayan tampoco pudo acceder a las grabaciones de las cámaras de seguridad cercanas.

A Vicky primero le dijeron que los videos se veían muy lejanos, que no se distinguían las imágenes, pero ella les respondió que se los mostraran, que indudablemente podía identificar a su hijo. Después le confesaron que las grabaciones no se guardaban.

En estos tres años sólo ha sido la familia quien ha conseguido pistas. Y toda la información se las entregaron a las autoridades: fotos, direcciones, nombres, pero nada. Ni la Fiscalía, ni la Comisión Estatal de Búsqueda, quienes mutuamente se achacan la responsabilidad de las acciones, han hecho nada real.

Ahora la investigación del caso de Brayan acaba de pasar a la justicia federal, a cargo de la Fiscalía General de la República (FGR), pero el agente responsable le dijo a Vicky que no tiene todavía los documentos. Entonces, ¿dónde están? ¿quién los tiene? se pregunta la buscadora. Y el resultado es que Brayan sigue sin volver a casa.

Siempre las familias

En ese trayecto que ya ha durado tres años, Vicky iba conociendo a personas que estaban en la misma situación, y que no sabían qué hacer. Ahí se empezaban a compartir consejos y a orientarse.

Cuando encontró a otras familias en el mismo laberinto burocrático sin salida, Vicky terminó por formar un colectivo, “Guerreras en busca de nuestros tesoros”, que inició con 5 familias y hoy en día reúne a 35.

“Pero se han sumado más, porque se han encontrado desaparecidos con vida y sin vida, ha cambiado el número de personas por eso”, aseguró.

Este 6 de febrero se cumplen tres años sin Brayan Eduardo. Tres años en los que no llevamos nada, dice Vicky con una voz triste por teléfono. Las autoridades dicen que están trabajando, que están investigando, pero no hay nada.

Así como la historia de Vicky y Brayan hay miles. Según cifras oficiales, son al menos 80 mil historias de horror en el país, de todo lo que implica la desaparición de un ser querido. Porque desaparecer en México es como entrar a un vacío del que nadie quiere hablar.

La mamá de Brayan dice que se siguen multiplicando las desapariciones. En Nayarit, lo que ha pasado es que muchas personas que tenían desaparecidos de hace muchos años empezaron a tener confianza, se han atrevido a hablar gracias a la organización de las familias, siempre las familias.

“Lo más doloroso es que sigue habiendo desapariciones, seguimos con el mismo problema, y aparentemente los buscan, pero no”.

 

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