Desplazamiento forzado, ejecuciones, bloqueos y balaceras; es la historia de como se desmorona un estado en medio de un enfrentamiento entre grupos armados.

Fotografías: SSP, Redes Sociales

Violencia. Buenavista.- Antes de empezar a contar lo que le pasó a “Francisco”, hay que aclarar que vive en un lugar rodeado de violencia, una comunidad alejada de lo que se conoce como Estado de Derecho y donde la supervivencia depende de la capacidad de acostumbrarse a la barbarie.

Sobra decir que ese no es su verdadero nombre en un estado donde hasta las autoridades tienen miedo de mostrar su rostro en los comunicados de prensa, esos documentos que aseguran a la ciudadanía que todo está tranquilo y que en Michoacán no pasa nada.

Ahí donde “Francisco” vive los grupos criminales operan a plena luz del día y, a diferencia de sus contrapartes, rara vez usan pasamontañas porque la impunidad es la mejor manera de garantizar el anonimato.

Su casa se ubica en Buenavista, un municipio a 200 kilómetros de Morelia y a 500 kilómetros de la Ciudad de México pero que pareciera estar en otro país distinto, son comunidades donde los patrullajes a veces los hacen los militares, a veces los delincuentes y a veces grupos armados que no portan ninguna insignia que los identifique.

– A veces paran a los jóvenes en el camino, los revisan, les revisan los celulares para que no anden pasando información y si no les encuentran nada los dejan ir -aseguró “Francisco”.

– ¿Los militares? -se le pregunta de forma ingenua.

-No, los militares nada más vienen, se dan una vuelta y se regresan -señalando lo que para ellos es obvio.

Se trata de localidades ubicadas a 20 minutos de la cabecera municipal de Buenavista como La Cuchilla, El Ahogado, La Pared del Ahogado y Pueblo Viejo, donde el grupo que controla la zona puede cambiar de un momento a otro y a las familias no les queda más que adaptarse a los nuevos designios.

Conforme los combates se intensificaban en la sierra y las balaceras sonaban cada vez más cerca de sus casas, “Francisco” supo que tarde o temprano las camionetas repletas de gente armada se iban a parar enfrente de su casa y tenía razón.

La llegada de Jalisco

El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ha sido desde 2017 un fantasma que acecha a los michoacanos, una forma de justificar la violencia que se expandía entre grupos criminales de la zona y parecía no tener control.

Mantas con leyendas “Somos el CJNG”, “Puro 4 letras en Michoacán”, “Gente del Señor de los Gallos” anunciaban la supuesta entrada de un nuevo grupo criminal, que recordaba las incursiones de otros tiempos en los que los Caballeros Templarios, Los Zetas y La Familia Michoacana eran los grupos temidos por la ciudadanía.

“A Jalisco le vale madre Michoacán”, sentenció “Zamora”, un comandante de la Policía Michoacán que accedió relatar cómo la lucha de células criminales mantiene en una espiral de violencia a la entidad desde mediados de 2019.

“Zamora”, en una entrevista telefónica, aseguró que el cártel comandado por Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho” o “El Señor de los Gallos”, mantenía presencia en Michoacán a través de sus lugartenientes y no necesitaba “pelear la plaza”.

“Si Jalisco quería meterse a Michoacán tenía que pelear plaza por plaza, cada localidad cada terreno, había muchos grupos metidos y todos controlaban pedacitos del territorio, a todos tenía que cuadrarlos o darles piso”, aseguró.

Pero todo cambió en noviembre de 2018, cuando un cargamento de droga desapareció en Michoacán, cargamento que supuestamente estaba bajo el resguardo del grupo del municipio de Tepalcatepec, al mano de Juan José Farías Álvarez, alias “El Abuelo”, quien en 2013 fue líder fundador del movimiento de autodefensas en el estado.

La historia que narró el “comandante Zamora” va así: “El Abuelo” era lugarteniente de Nemesio desde los tiempos del Cártel Milenio hasta que una avioneta cargada de cocaína desapareció en las costas de Michoacán, antes de llegar a las bodegas que mantienen grupos criminales en la zona.

La droga fue reportada como desaparecida ante Nemesio Oseguera pero parte de ella reapareció en el mercado, cuando un grupo de personas originarias de Tepalcatepec intentaron venderla en la ciudad de Cancún, Quintana Roo.

La respuesta de “El Mencho” fue inmediata, el 2 de marzo de 2019 un hombre asesinó a balazos a tres de los michoacanos mientras conducían por la avenida Bonampak en una camioneta con placas de Campeche, el conductor quedó herido y fue arrestado posteriormente.

Los tres muertos en la zona hotelera de Cancún marcarían el punto de inicio del conflicto entre CJNG y “El Abuelo” que sumergido a Michoacán en una ola de violencia desde mediados de 2019 y ahora presenta su punto más álgido a finales de 2020.

A partir de ese momento se formaron dos grupos criminales: el CJNG por un lado y los Cárteles Unidos, una mezcla de grupos que antes eran incluso antagónicos como los Blancos de Troya, Los Viagras, Los Templarios, La Nueva Familia Michoacana y Cárteles Independientes, también conocidos como el Cártel de la Virgen.

“‘El Abuelo’ le quita al ‘Mencho’ un pedazo de territorio, sus pistas de aterrizaje, pero más allá de eso es más personal el tema, es una traición más familiar, haber apoyado a quienes al final se quedaron con el cargamento, que fueron los de Los Reyes”, aseguró “Zamora”.

Para el comandante, lo que pudo haber sido un tema menor entre “El Abuelo” y “El Mencho” terminó por desatar un conflicto que se extiende en toda la frontera entre Colima, Michoacán y Jalisco y ahora alcanza los municipios de Lázaro Cárdenas, Aguililla y hasta Zitácuaro.

El 13 de agosto de 2019, un grupo de hombres armados con uniformes tácticos con la leyenda “CJNG” anunciaban una guerra en contra de Juan José Farías mientras presumían una ametralladora antiaérea Browning M2 calibre 50.

Se trataba ya de un enfrentamiento abierto entre grupos heterogéneos y antagónicos, una mezcla de personajes que han estado presentes en todos los conflictos de los últimos 10 años en el estado de Michoacán.

Tanto Cárteles Unidos como Cártel Jalisco se nutren de veteranos que pelearon contra los Zetas; en el conflicto entre Familia Michoacana y Caballeros Templarios; en las autodefensas o en el Grupo G-100 y G-250 -en su momento patrocinados por el Gobierno Federal- gente, como dice el “comandante Zamora” acostumbrada a “vivir echando chingadazos”.

Los daños colaterales

El día que llegaron a su rancho, “Francisco” esperó a que le dieran las órdenes correspondientes, narró que no estaba nervioso al ver hombres armados afuera de su rancho porque ignoraba que a partir de ese momento ese ya no sería su hogar.

Los hombres no se presentaron, apenas mediaron palabras con habitantes de la localidad como “Francisco” y les dieron la orden directa: no querían verlos por ahí, tenían que abandonar sus casas por su “propia seguridad”.

Desde el 10 de noviembre de 2020, las localidades de Buenavista están inmersas en el combate entre Cárteles Unidos y el Cártel Jalisco Nueva Generación, ambos grupos usan este y otros municipios como campo de batalla.

“Francisco” aseguró que nunca lo amenazaron, no hubo golpes ni insultos, ese grupo de jóvenes armados con claras señales de cansancio y hambre únicamente le pedían que agarrara todas sus cosas y se fuera.

A su familia no le quedó de otra que salir de la zona de guerra y refugiarse con familiares en una casa alejada, en un lugar desconocido desde donde espera el momento para poder regresar a su casa, a cuidar su parcela y sus vacas.

En las casas que abandonaron, los armados se metieron buscando agua, zapatos, ropa y comida, “Francisco” dijo que no se llevaron nada de valor ni utilizaron las casas como guaridas, únicamente para extraer provisiones.

El otro grupo que controlaba antes la zona nunca los molestó, el campesino de Buenavista contó que, aunque sabían que andaban armados y “patrullando” la zona, solamente pasaban por ahí, a veces saludaban y otras veces compraban comida, pero nunca se metieron con ellos.

“Yo nunca quise venderles nada, porque los otros piensan que ya los apoyas, pero no hay dinero y si la gente les vende comida pues es para sobrevivir, no por apoyarlos”, dijo “Francisco”.

En realidad, apoyar a cualquiera de los grupos armados puede ser una sentencia de muerte, incontables videos en redes sociales muestras decapitaciones, ejecuciones y mutilaciones para quienes participan en cualquiera de los bandos.

Ya sea por ayudar o por no ayudar a unos o a otros, la sentencia es la misma, por lo que familias como la de “Francisco” deciden dejar que los grupos sigan sus combates y esperar a que uno se establezca para regresar a sus casas.

“Estamos esperando que haya seguridad, que ya no se estén agarrando, ahí en el rancho sabemos que el gobierno no entra hasta que se acabaron los balazos, nomás patrullan y los otros se esconden pero nadie mantiene la seguridad, no hay quien controle, es la realidad”.

El rebrote de la violencia

La emergencia sanitaria por la llegada del nuevo coronavirus en Michoacán no fue suficiente para detener el conflicto entre los grupos delincuenciales que mantienen asolado parte del estado, durante toda la jornada de Susana Distancia hubo decenas de enfrenamientos.

Tepalcatepec implementó sus propias medidas de “distanciamiento social” para impedir incursiones de grupos armados en el municipio cuando el 16 de noviembre de 2020 ordenaron cortar con maquinaria la carretera que los conecta con la Costa de Michoacán.

El temor de que el CJNG ingrese al municipio generó que el 20 de noviembre cerraran todos los accesos, desde las terracerías hasta las carreteras, cortando tramos de camino entre los que están la salida a jilotlán, el principal punto de acceso entre Jalisco y Michoacán en la zona.

Los grupos de autodefensas volvieron a salir como lo hicieron en 2013, incluso portando sus camisetas originales, asegurando que se trata de un asedio de un grupo criminal en contra de pobladores inocentes, con lo que “El Abuelo” demostró su capacidad de movilizar a pobladores de todo el municipio.

La primera semana de diciembre de 2020 registró el mayor número de enfrentamientos del año, con escaramuzas en Buenavista, Coalcomán, Tingüindín, Tepalcatepec, Cotija, Tocumbo, Tlazazalca, Aguililla, Múgica, Salvador Escalante y Zitácuaro.

Los tiroteos se registraron entre grupos armados y también incluyeron emboscadas a miembros de la Policía Michoacán, la Guardia Nacional y el Ejército Mexicano, provocando movilizaciones policiacas y militares en toda la zona.

Hasta el viernes 4 de diciembre de 2020 también se habían registrado quema de vehículos y corte de carreteras en Aguililla, mientras de acumulaban más de 27 muertos en los enfrentamientos y decenas de heridos entre civiles, policías y militares en el rebrote de la violencia que nunca desapareció.

En la oscuridad

En medio de la noche, sentado en el patio de la casa, a la luz de un foco amarillo de 60 watts invadido de mosquitos, “Francisco” trata de contar su historia sin despertar a su familia, en su mirada se marca la nostalgia de sus palabras cuando dice que se siente desolado.

“Queremos regresar, queremos estar como antes que no se metían con nosotros, la mera verdad no nos importa quién se esté peleando, no nos vamos a meter en eso viejo, lo que queremos es vivir en paz en la tierra que crecimos”, dijo “Francisco”.

Algunas de las 150 familias que viven en esta zona de la Tierra Caliente de Michoacán decidieron volver a sus casas, a pesar de la advertencia de los grupos criminales, aunque todos con el miedo de que una balacera se desate o que el acoso de los armados aumente.

“Francisco” no quiere exponer a su familia, aunque no descarta regresar solo para cuidar de sus cultivos y sus animales, incluso otros pobladores han planeado volver todos en caravanas a reclamar sus propias casas, pero hasta el momento nadie da el primer paso.

“Queremos garantías, queremos la seguridad, lo que de veras se ocupa es que el gobierno ponga una avanzada ahí, que el Ejército deje ahí gente en un campamento para que nosotros podamos volver”, dijo “Francisco” y de inmediato enmudece.

Tarda unos segundos en volver a hablar y entra en un soliloquio donde se responde sus propias peticiones, “Francisco” dice que ya no confía en los políticos ni en el gobierno ni tampoco cree que vayan a ayudarlo en sus plegarias.

-Ellos andan ocupados en sus campañas políticas – dijo “Francisco”.

-¿No cree que les vayan a ayudar?

-Ojalá -dijo, como si en realidad quisiera decir no.

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