En caso de requerir hospitalización por COVID-19 en Michoacán llamar al 800 123 2890 o a la línea de emergencia 911

Fotografía y texto: Rodrigo Caballero

Colapso hospitalario. Morelia.- Quienes estuvieron ahí, aseguraron que el tsunami que destruyó las costas de 14 países junto al océano índigo -en el 2004- fue uno de los eventos más inesperados y devastadores de la década antepasada.

Testimonios de países como Indonesia, Malasia y Sri Lanka narraron que el agua se esfumó de las playas de toda la región y, por unos momentos, sólo podía verse arena en el horizonte aquel 26 de diciembre por la mañana.

Centenares de turistas y habitantes se acercaron a contemplar el suceso sin sospechar que era la antesala del desastre porque, minutos después, olas de hasta 30 metros inundaron las playas dejando más de 200 mil personas muertas e incontables daños materiales.

Nadie les había advertido que una ola gigante iba a arrasar con sus vidas, nunca sospecharon las consecuencias de caminar hacia el peligro, en lugar de buscar refugio ante la contingencia.

La ola de contagios que ahora afecta a decenas de países, entre los que destacan Inglaterra, Italia, Estados Unidos y México, no es como aquella en que afectó las costas del índigo en 2004, esta segunda ola sí estaba anunciada desde el inicio de la pandemia.

El pico de contagios con el subsecuente colapso hospitalario era una de las principales preocupaciones desde la detección del nuevo coronavirus en diciembre de 2019, era el peor escenario que se buscaba evitar y que ahora se presenta a nuestras puertas en el estado de Michoacán.

Ahora miles de personas hacen fila afuera de hospitales, clínicas, farmacias y centros de abastecimiento de oxígeno esperando comprarles a sus seres queridos una oportunidad de vivir, es la crónica del colapso que nos advirtieron.

El dolor que quita el aliento

La señora Santitos, conocida así entre los habitantes de la comunidad de Río Bello al sur de la ciudad de Morelia, ya estaba conectada al oxígeno cuando llegaron a avisarle que su madre había muerto en condiciones similares.

Ella había dedicado varios días a su madre para tratar de curarle la tos que no la dejaba, hasta que se contagió con el mismo virus y terminó siendo ella quien necesitó alguien más que la cuidara en su propia casa.

Una noche llegaron a avisarle que su madre se había convertido en otra víctima más de la pandemia y el dolor que sintió por su partida empeoró su condición de salud, al grado de que necesitó ser hospitalizada de emergencia.

“Ella sintió como que el dolor se le metió para adentro”, narró su hija, “me decía que el dolor se le había metido y no la dejaba respirar, yo creo que si hubiera podido sacar el dolor no se hubiera quedado sin aire”.

Mientras Doña Santitos estaba postrada en su cama y con un tanque de oxígeno pegado a la nariz, su familia comenzó la travesía de buscar un lugar donde fuera internada, en medio de una escasez de lugares para el tratamiento del COVID-19.

Primero descartaron los hospitales privados de Morelia: El Hospital Ángeles y Star Médica debido a su elevado costo -hasta un millón de pesos en sus tratamientos- y además porque están saturados desde el 26 de diciembre de 2020.

Otras clínicas privadas más económicas mostraban una lista de espera de hasta 20 personas y los hospitales públicos hacían esperar a sus pacientes afuera hasta que un lugar estuviera disponible.

Su familia tocó puertas de médicos particulares que le negaron el servicio por falta de insumos y por miedo al contagio, así como especialistas que la canalizaban a los mismos hospitales que ya la habían rechazado por falta de espacio.

El 8 de enero de 2021 llegó la noticia esperada: un médico conocido de la familia había logrado encontrarle un lugar a la Señora Santitos, pero para cuando la ambulancia iba a salir a buscarla ella ya se había reunido con su madre.

Aquel día ella se sumó a las 3 mil un muertes por SARS-CoV-2 registradas en Michoacán y a los 37 mil 681 contagios de acuerdo con cifras dadas a conocer por la Secretaría de Salud este 17 de enero de 2021.

Nos la jugamos en casa

Pasaron casi siete horas hasta que la familia de Miguel decidió dejar de insistir, unos minutos después se anunció en las noticias lo que a ellos les había costado toda una tarde saber: todos los hospitales de la ciudad de Morelia estaban al 100 por ciento de capacidad.

“Pues nos regresamos, nos la jugamos en casa, la verdad es que no sabíamos qué hacer pero nos sabíamos que si seguíamos esperando afuera del hospital mi hermano se iba a morir en el carro”, dijo el hermano mayor de Miguel.

Hipertenso, con antecedentes de diabetes en la familia y sobrepeso, Miguel estaba entre la población con mayor riesgo de enfermar gravemente de COVID-19, lo que provocó que se aislara la mayor parte del 2020.

“Todos nos guardamos lo más que pudimos, algunos trabajábamos por temporaditas cuando veíamos que bajaba la enfermedad y luego nos volvíamos a meter, pero hay que vender, si no vendemos pues no hay para comer, así de simple”.

La familia de comerciantes que acuden a los tianguis con ropa de paca se adaptó lo más que pudo a las restricciones impuestas por el Gobierno de Michoacán durante la cuarentena que comenzó el 23 de marzo de 2020.

Pero, en cuanto vieron que no serían 15 días ni un mes de aislamiento, comenzaron a preocuparse por el flujo de dinero, más aún cuando las deudas de la renta de su casa se iban acumulando y no había claridad de cuándo regresarían a la normalidad.

La familia siguió vendiendo durante el final de 2020 y lograron salir a flote con el Buen Fin, sin embargo, algunos comenzaron a enfermarse durante la última semana de diciembre y para el día de reyes ya eran cinco lo que tenían síntomas.

Miguel empezó a sentir fiebre el 8 de enero, aunque por días se iban los malestares y parecía que no iba a tener complicaciones. El 13 de enero la fiebre no lo dejó levantarse y al día siguiente el oxímetro registraba un nivel tan bajo que lo tuvieron que llevar a urgencias.

Horas después se anunciaba la saturación de los dos hospitales del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Morelia, así como el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) y el Hospital Civil.

“Pues qué íbamos a hacer, a jugársela, conseguimos oxígeno, conseguimos algunos medicamentos, los que no han escaseado y en casa, aquí en la casa con el doctor que nos atiende en el whats, nos la vamos a aventar”, dijo el hermano de Miguel, quien sigue aferrándose a la vida.

Todos sin excepción

El 5 de enero de 2021, “Gilberto” llegó a su área de trabajo en Hospital Civil “Dr. Miguel Silva” para encontrarse que ya no trabajaba ahí, había sido movido junto con todo el personal sin excepción al combate del virus SARS-CoV-2

“Giraron un documento de epidemiología a todos los jefes de servicios del hospital para que presentaran a todo el personal al área del COVID”, aseguró “Gilberto”, quien para proteger su fuente de trabajo prefirió permanecer en el anonimato.

El documento, del que 2020 Noticias cuenta con una copia, asegura que la finalidad es mejorar la atención a los pacientes con COVID-19, así como aliviar la carga de trabajo del personal médico que lleva atendiendo la pandemia desde abril de 2020.

La orden no solamente se dio en el Hospital Civil, “Gilberto” aseguró que sus colegas en municipios como Pátzcuaro, Uruapan, Los Reyes, La Piedad, Zamora y Lázaro Cárdenas también recibieron órdenes similares para tratar de reducir la carga de trabajo de sus compañeros y mantener la capacidad hospitalaria al máximo en sus respectivos distritos.

“A todos nos movilizaron, la verdad es que se siente triste porque vemos que la pandemia está pegando, incluso más fuerte que al inicio, incluso con más muertos y hospitalizados, eso no se vio ni en lo peor de allá de junio o ya entrado noviembre que también hubo como pico”, dijo “Gilberto”.

Al preguntarle por qué, “Gilberto” apunta a la teoría que comparten la mayoría de las personas: las fiestas decembrinas están cobrándole la factura a quienes desobedecieron las reglas de confinamiento.

“La verdad es que es bien triste ver que el Facebook parece lista de muertos y ves a mucha gente, muchos de mis contactos incluso, que están pidiendo información, que me hablan y me piden que les eche la mano para ingresar a alguien y te acuerdas que andaban celebrando la navidad como si nada”, dijo “Gilberto”.

El tiempo le da la razón, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el SARS-CoV-2 tarda entre 5 y 15 días en afectar a su huésped, lo que significa que la mayoría de quienes ahora necesitan camas se contagiaron durante los días de fiestas del 24 de diciembre y el 1 de enero.

Sin embargo, esa es solamente una parte de la historia, apenas este 11 de enero el portal de noticias Latinus publicó información sobre una falla en el sistema de oxígeno que pudo haber provocado 36 muertes en el IMSS de Morelia ubicado en la avenida Camelinas.

De acuerdo con un testimonio anónimo, el suministro de oxígeno se detuvo durante el primer fin de semana del año en el Hospital General Zona 83, lo que habría provocado la muerte de varios pacientes con COVID-19.

“Pues ese es un hospital federal, nosotros somos estatal, así que no te podría asegurar que así haya pasado, lo que sí te puedo decir es que no tenemos lo necesario para trabajar, nos faltan insumos, no tenemos las herramientas vaya, a veces ni vitamina C o D, entonces sí se pueden dar casos donde fallen los suministros, claro que sí”, dijo “Gilberto”.

En el caso del Hospital Civil, apenas inaugurado el 12 de noviembre de 2020, luego de 10 años de retraso, hacen falta insumos, camas, respiradores y tanques de oxígeno, al grado de que pacientes con COVID-19 se ven obligados a sentarse en la sala de espera mientras se desocupa una cama.

“Estamos en condiciones muy precarias: no hay equipos adecuados, insumos, médicos suficientes y esto va a empeorar; además para quienes trabajamos aquí no hay vacaciones, se cancelaron, y si te da COVID nada más te dan incapacidad por 10 días si no es grave”, aseguró “Gilberto”.

Mientras los médicos intentan combatir el COVID-19 con las herramientas que tienen a la mano, las ambulancias no dejan de sonar día y noche, trayendo más pacientes conectados a la vida a través de sus tanques de oxígeno.

Así Michoacán alcanza su cuarta semana rompiendo récords con un promedio de 280 nuevos de contagios y 17 defunciones diarias desde el comienzo de 2021, en medio del colapso del sistema hospitalario que se intentaba evitar al inicio de la pandemia.

Afuera de hospitales, farmacias y centros de abastecimiento de oxígeno, miles de personas esperan horas para poder acceder a un sistema de salud colapsado, como tanto se advirtió que pasaría desde que llegó este nuevo virus.

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