Campesinos señalan a la agroindustria de la fresa, frambuesa, zarzamora y arándano por la sequía que afecta a cientos de familias del centro de Michoacán.

Agua. Lagunillas.- Hace mucho tiempo que Lagunillas dejó de hacerle honor a su nombre, nada queda de las decenas de cuerpos de agua que abarrotaban el valle de Huatzanguio y brindaban abundante líquido para el maíz y el ganado.

Cuentan los mayores que para 1950, cuando Lagunillas entró oficialmente a la lista de 113 municipios de Michoacán, ya era visible la sobreexplotación de los mantos acuíferos que provocó que poco a poco desaparecieran las ciénegas y que Lagunillas se convirtiera solamente en un nombre.

Sin embargo, el agua seguía ahí, solamente que debajo de la superficie y así los pobladores dependen de los pozos para el agua de uso diario y de los temporales para que crezca el maíz, el frijol y las legumbres que les permiten alimentarse y alimentar a su familia.

El problema es que hace tres años la lluvia dejó de caer en el verano, cambiaron sus tiempos y ahora los campesinos aseguran que llega tarde; debería hacer su entrada en mayo y acabarse a mediados de septiembre, cuando llega el maíz tierno y las corundas.

Ahora en septiembre las matas de maíz ya no están “güereando” como dicen los campesinos, sus hojas no agarran un color tornasol ni los pelos del elote brillan de un color dorado con la luz del solar, por su tamaño pareciera que estamos en julio, es decir, el sembradío tiene dos meses de retraso.

“A este tiempo ya es para que hubiera elotes, pero mire como va, la milpa va muy atrasada por lo mismo, porque el agua no la dejan llegar, si siembra uno y no llueve la hormiga se mete y se come el maíz adentro de la tierra, por eso no podíamos sembrar”, aseguró uno de los campesinos.

Esto significa que los esperados elotes no llegarán sino hasta el mes de octubre, lo que implica el riesgo de que comiencen las heladas y entonces las milpas se mueran antes de que puedan rendir frutos.

Presuntos culpables

Los campesinos aseguran que les quitaron la lluvia, que ahora caen chispitas en lugar de chubascos y que todo comenzó cuando llegaron los freseros, esos a los que llaman con coraje “la agroindustria”.

“Llegaron aquí sin dar ninguna información previa de las condiciones en las que venían; inicialmente la gente vio con cierto beneficio que vinieran, porque son zonas en donde sobrevivimos del campo y al día, aquí lo que se siembra no es para comercializar”, dijo José Gutiérrez, habitante de Lagunillas.

Una de las empresas es Driscoll´s, que se define como una “empresa familiar” fundada hace más de 100 años en los Estados Unidos de América y productora de fresas, frambuesas, zarzamoras y arándanos de primera calidad.

En su sitio oficial, Driscoll´s asegura que sus operaciones en México abarcan los estados de Baja California Norte, Puebla, Tlaxcala, Michoacán y Jalisco, mientras que sus oficinas centrales se ubican en la ciudad de Guadalajara.

Los campesinos dicen que las empresas de la frutilla no trajeron los empleos que habían soñado ni tampoco la prosperidad económica que los gobiernos municipales habían prometido, por el contrario, se llevaron el agua a cañonazos.

Largas al asunto

En medio de la pandemia por el nuevo coronavirus, los campesinos rompieron las condiciones del confinamiento ante la amenaza de que otra vez este año iban a perder la cosecha de maíz, decenas de ellos acudieron a la reunión programada con la presidenta municipal, Macarena Chávez, a quien le exigen que saque a los freseros de la región.

Se trata de campesinos de los municipios de Lagunillas, Huiramba, Morelia, Pátzcuaro, Tzintzuntzan y Acuitzio, ubicados en la región centro del estado de Michoacán, quienes protestan por la falta de lluvia y agua de pozo para mantener sus parcelas.

A través del Movimiento de Campesinos, Amas de Casa, Ejidatarios, Jóvenes y Trabajadores en Defensa del Agua, decenas de personas exigen que el agua vuelva y que la “agroindustria” se vaya de Lagunillas.

Sin embargo, sus exigencias no han tenido el efecto que esperaban y cada vez se ve más lejana la respuesta a sus demandas que incluyen el cese del uso de los llamados cañones antigranizo, la clausura de pozos de agua clandestinos y el cierre de los invernaderos de frutillas que hay en la región.

Los campesinos tuvieron una primera reunión institucional con la Mesa de Seguridad Ambiental el 8 de julio de 2020, donde acordaron llamar a cuentas a los freseros de la región para reclamarles sobre su papel en la falta de agua de la zona.

Pero cuando se desarrolló la reunión, un par de representantes aseguraron que los campesinos tenían una campaña dedicada a desprestigiarlos y que en ningún momento empresas como Driscoll´s dañaban el medio ambiente.

Otro problema es que no existe consenso científico que permita concluir que el uso de cañones antigranizo tiene un impacto en las nubes que traen la esperada lluvia, de hecho, este método es cuestionado a nivel internacional por su eficacia y hasta el momento no existe evidencia de que funcione contra la lluvia o contra el granizo.

Entre reuniones institucionales con representantes de los tres niveles de gobierno han pasado dos meses sin que se de ninguna alternativa para solucionar la problemática, mientras tanto la lluvia no llega y el maíz no se da en las milpas.

Sin agua ni recursos

La falta de pruebas provoca que cada vez menos caminos apunten hacia los freseros, a pesar de que su llegada coincide con la escasez de agua en la región, de donde se abastecen no solamente los campesinos del centro de Michoacán sino también la ciudad de Morelia.

20 kilómetros al norte de Lagunillas y unos 8 kilómetros al sur de la capital del estado se ubica la presa de Cointzio, una de las fuentes de agua potable del sur de la ciudad de Morelia, que actualmente se encuentra entre el 30 y 40 por ciento de su capacidad debido a la falta de lluvias.

“Necesitamos el apoyo de la ciudadanía de Morelia, que vengan a ver su presa de Cointzio que no tiene agua, en mayo verán que no hay agua, cuatro años atrás por este tiempo desahogaban la presa, hoy no tienen necesidad porque no hay agua, ahorita a lo mejor no alcanzan a ver, pero al poquito tiempo les va a hacer falta”, advirtió Agustín Gómez, del Ejido El Pedregal, en el municipio de Huiramba.

La forma en que la presa se llena año con año en con el agua de lluvia, pero la falta de una temporada regular causó que ni la presa tenga agua ni las familias campesinas de la región puedan sembrar de manera regular, poniendo en riesgo su subsistencia.

Las familias de la región centro no producen el maíz para venderlo, este producto es su principal fuente de subsistencia y la mayoría de lo que se cosecha se queda en casa para autoconsumo, la otra parte se vende entre vecinos.

“Yo veo varios de por aquí que dicen ‘pues yo no siembro, a mí no me preocupa’ pero no se ponen a pensar que los que sí sembramos somos los que les vendemos a ellos, si no tenemos ni para nosotros cómo les vamos a vender a ellos”, dijo un campesino.

Otro problema de la falta de cosecha son las pérdidas económicas, una parcela promedio en la región de Lagunillas es de un cuarto de hectárea, es decir, unos 2 mil 500 metros cuadrados, que está en riesgo de perderse completamente dejando sin dinero a sus dueños.

Entre fertilizante, abono, pesticida, semilla y renta de animales para arar la tierra, las familias tienen que invertir entre 15 mil y 20 mil pesos para sembrar maíz y frijol en ese terreno, dinero que se va a la basura si no hay lluvias.

“Si no se da el maíz, si no se da el frijol pues valió pura… porque ya ve que el frijol está carito, pon que ahí en esa tierrita salen unos 10 costales de frijol, de 50 (kilos), a 20 pesos el kilo, son 10 mil pesos que se pierden, más el maíz, más el rastrojo para las vacas”, aseguró el campesino de la comunidad de Huatzanguio.

La peor parte es que además de perder el dinero invertido y la cosecha que pudo recuperarlo, ahora tienen que comprar el maíz, el frijol y el rastrojo en las tiendas, lo que representa un golpe más a su mermada economía.

“Ya nos cansamos, este año vamos a volver a perder, ya son tres años que no hay agua, no puede haber otro año sin agua, la gente ya está molesta, cansada, no se va a aguantar otro año sin tener su agua, su maíz”, dijo José Gutiérrez.

Del cansancio a la protesta

El martes 22 de septiembre de 2020 un grupo de campesinos armados con palos se trasladó hasta las vías férreas que cruzan el municipio de Lagunillas, eran integrantes del del Movimiento de Campesinos, Amas de Casa, Ejidatarios, Jóvenes y Trabajadores en Defensa del Agua.

Los manifestantes cerraron el paso al tren que viaja desde el Puerto de lázaro Cárdenas como una medida de presión para las autoridades a fin de que se les dé seguimiento a sus denuncias en contra de la industria de la frutilla en la región.

“Compañeros, es momento de luchar por nuestro territorio, defenderlo contra la invasión yanqui de las empresas de la frutilla, a los compañeros de la región de Pátzcuaro les hacemos saber que la lucha continúa”, aseguraron los campesinos en el video que difundieron.

Los inconformes aseguraron que las negociaciones con el Gobierno de Michoacán están estancadas y que solamente les han dado largas, por lo que llamaron a acciones de protesta más radicales para lograr que sus demandas se cumplan.

Esta es una de las primeras acciones de protesta que han realizado los campesinos, sin embargo, son cada vez más personas quienes exigen que haya más presión en contra de las autoridades estatales para que respondan a sus demandas.

“No llueve porque los freseros no quieren que llueva y qué está haciendo el gobierno, pues nada, el gobierno nos deja solos pues entonces solitos vamos a pelear nuestros derechos”, dijo Ana María Reyes, campesina de Lagunillas.

La señora, cansada de haber perdido una parte de su parcela de maíz, frijol, trigo y habas dos años seguidos, es una de los centenares de inconformes que exigen incrementar las protestas en contra de los freseros y del gobierno del estado.

Sin embargo, no solamente está en contra de los productores de frutos como fresa, zarzamora y arándano sino también en contra de quienes tienen huertas de aguacate en los cerros que rodean la región.

En localidades como Tiripetío, El Pedregal, Atécuaro también existen huertas de aguacate, otro fruto que consume el agua de la región y que contribuye a poner en riesgo la seguridad alimentaria de la zona.

“La gente me quiere venir a comprar maíz, lo poquito que tengo, yo les digo que no porque no sabemos cuándo llegue la helada y no se nos dé nada, pero yo les digo ‘no se apuren tenemos harto aguacate, vamos a hacer tortillas de aguacate, y en lugar de frijolitos vamos a ponerle arándanos’, si no nos vamos a morir de hambre”, aseguró Ana María Reyes.

 

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