Las fosas clandestinas no sólo son asunto de criminales, algunas autoridades han creado fosas comunes donde los cuerpos encontrados vuelven a desaparecer.

Desaparecidos. Aquila.- “Ellos no buscan porque no tienen a ningún desaparecido, si conocieran el dolor de tener un desaparecido estuvieran buscando como deberían, pero no lo conocen”, aseguró la señora Evangelina Contreras Ceja.

La mujer estaba reclamándoles a los expertos de la Dirección de Servicios Periciales no haber hecho bien su trabajo luego de que salieron con las manos vacías de la fosa que ella misma encontró usando sus propios recursos.

La fosa clandestina fue localizada gracias a la investigación que realizaron los familiares de desaparecidos en la localidad de Tizupan, una población costera del municipio de Aquila, en la región Sierra-Costa del estado de Michoacán.

El lugar fue localizado por miembros de las autodefensas en el 2014 y era el punto más importante que se propusieron investigar durante la Quinta Caravana de Búsqueda de Personas Desaparecidas realizada entre el domingo 28 de abril y el sábado 11 de mayo de 2019.

Así que este era el momento que Evangelina llevaba años esperando, en el que los peritos iban a reabrir la fosa en la que le habían dicho que estaba enterrada su hija para encontrar ahí adentro lo que quedaba de ella, por eso cuando los agentes salieron con una mano sobre la otra el enojo de la madre era evidente.

“Ustedes no entienden lo que es el dolor, no pueden saber lo que nosotras sufrimos todos los días por falta de nuestras hijas, nuestros hijos, yo quisiera que por un momento ustedes pudieran saber para que hicieran su trabajo”, siguió Evangelina.

Unos segundos después de que los peritos levantaron el acordonamiento de la fosa, justo cuando se estaban quitando los overoles forenses, una de las madres, Tranquilina Hernández Lagunas, no lo pensó dos veces y se metió para seguir buscando entre la tierra algo que le diera esperanza a su compañera Evangelina.

Los oficiales de la Fiscalía General del Estado de Michoacán (FGE) solamente recibían el regaño sin decir ni una sola palabra mientras miraban incrédulos cómo familias de víctimas de personas desaparecidas rescataban 43 restos óseos de entre la tierra que ellos supuestamente ya habían revisado minutos antes.

Utilizando equipo menos especializado, con técnicas que aprendieron lejos de cualquier escuela de antropología forense, las familias estaban logrando recuperar varias piezas óseas en una fosa clandestina que ya había sido abierta y supuestamente agotada en dos ocasiones por las autoridades ministeriales.

“Mi objetivo era encontrar algo, lo que fuera, encontrando algo podíamos seguir limpiando, cribando la tierra, y demostrarles que sí había algo ahí, porque nosotros sabíamos que sí había algo ahí”, narró en entrevista la madre.

Tranquilina dice que se sentía frustrada al ver la forma de trabajo de los peritos, quienes no permitían ver lo que hallaban en la fosa; el personal de la Fiscalía General del Estado recogía los indicios sin mostrárselos a nadie y los embalaba en sobres de papel amarillo.

Así que en cuanto los peritos se retiraron diciendo que ya habían terminado y no encontraron nada, Tranquilina se metió adentro de la fosa en una carrera contra el tiempo antes de que la Fiscalía del Estado decidiera empacar todas sus cosas e irse del lugar dejando enterrada la última esperanza de Evangelina por encontrar a su hija.

Con desesperación empezó a rascar la tierra a los lados de la fosa y luego en el fondo hasta que segundos después encontró un pequeño hueso, una falange del dedo de una mano; familiares, reporteros y peritos se arremolinaron para verlo… la búsqueda apenas comenzaba.

Días después, cuando le preguntaban al respecto, Tranquila recuerda lo que sucedió con una mezcla de alegría y tristeza, por una parte encontró restos que pueden servir para identificar el ADN de la hija de Evangelina, pero si resulta positivo el hallazgo significaría que Tania Contreras Ceja está muerta.

“Se me enchinó el cuerpo, yo estaba temblando cuando estaba mostrando, es decir, sí eres tú, aunque sea con este pedacito es una satisfacción para tu mamá, es una lucecita en su camino”, recordó Tranquilina.

El personal de la Fiscalía dejó de guardar sus cosas y los familiares tomaran la iniciativa de la búsqueda, entre la tierra que ya habían revisado las autoridades encontraron otra falange y luego un fragmento de hueso, los directores del área de periciales veían atónitos la rapidez con la que las familias trabajaban.

Una de las claves de los hallazgos fue el uso correcto del cernidor, un cuadro de madera con una red de metal que en la construcción sirve para separar la arena pero en materia forense ayuda a separar la tierra de cualquier indicio de una escena del crimen.

Cuando los peritos trabajaron sobre la fosa, el cernidor o criba estaba colocado a 45 grados del suelo y las paladas de tierra se resbalaban por un lado antes de que pudieran encontrar algo, pero cuando las familias empezaron a trabajar lo utilizaban completamente horizontal al suelo, sin permitir que nada se volviera a perder entre la tierra.

Ocho personas trabajaron durante una hora hasta que localizaron 43 restos óseos; dos de ellos sostenían y cernían la tierra, uno ponía paladas de tierra sobre el cernidor y otros cuatro la inspeccionaban para separar las piedras, los terrones, las hojas, el excremento y los huesos.

En total encontraron 65 indicios entre huesos, ropa, botones, monedas, casquillos y ojivas de bala calibre 7.62×39 utilizados por el fusil de asalto tipo AK-47, una de las armas más comunes entre el crimen organizado que opera en la zona de la Sierra-Costa del estado de Michoacán, los funcionarios de la FGE localizaron apenas 9 de esas 65 piezas y ninguna era resto óseo.

“No nos podemos ir conformes con lo que ellos nos dicen, la compañera tiene la esperanza de saber qué pasó con su hija y nosotros tenemos que buscarla”, dijo Tranquilina, quien fue una de las coordinadoras de la Quinta Caravana Internacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas en Michoacán.

Los huesos fueron embalados y clasificados por la FGE, que se comprometió a examinarlos en búsqueda de ADN, algo que pudiera ayudar a identificarlos, pero de no ser por las familias aquellos huesos se hubieran quedado enterrados en la mitad de la Sierra-Costa del estado de Michoacán.

Las fosas del Estado

La historia de las fosas clandestinas durante la época actual comenzó precisamente en el estado de Michoacán, la primera de la que se tiene registro fue desenterrada el 7 de septiembre de 2006.

Ocurrió en la localidad turística de Angahuan, en el municipio de Uruapan a 140 kilómetros de la ciudad de Morelia, donde la policía encontró a seis hombres maniatados, semi desnudos, con los ojos vendados y la yugular cortada.

Así lo documentó el proyecto “A dónde van los desaparecidos” de Quinto Elemento Lab que hizo la recopilación de mil 978 entierros clandestinos localizados en 24 estados de México entre 2006 y 2016 publicado en el reportaje multipremiado “El País de las 2 mil fosas”.

Otras 76 fosas clandestinas aparecerían durante la siguiente década y de ellas las autoridades y los grupos de autodefensa sacarán 132 cuerpos, la mayoría al no ser identificados y sin nadie que los reclamara volvieron a la tierra, a terrenos que la Fiscalía del Estado usa como fosas comunes en panteones de todo el estado.

Una de estas fosas cavadas por la misma Fiscalía también fue desenterrada por los miembros de la Quinta Caravana de Búsqueda de Personas Desaparecidas en el municipio de Zitácuaro, unos días antes de que abrieran la fosa clandestina de la Sierra-Costa.

Todos los involucrados del caso recibieron llamadas de las autoridades el sábado 4 de mayo de 2019, cuando se descubrió que una persona desaparecida estaba entre los muertos no identificados que la Fiscalía Regional de Zitácuaro había enterrado en una fosa común del camposanto de la tenencia de Chichimequillas.

La familia del hombre de 31 años fue convocada por la Fiscalía General del Estado (FGE) para ver los archivos del Servicio Médico Forense (Semefo) que se iban a proyectar en el auditorio del Palacio Municipal de Zitácuaro; ahí se dieron cuenta de que uno de los cuerpos tenía tatuajes similares a los de su desaparecido.

Manuel Alejandro Ruiz Suárez desapareció el 15 de abril de 2019 y su familia llevaba buscándolo desde entonces con la esperanza de localizarlo con vida pero según el reporte del Ministerio Público murió asesinado en el municipio de Zitácuaro y lo habían inhumado el jueves 2 de mayo de 2019.

Al abrir la fosa notaron que estaba adentro de una bolsa para cadáveres debajo de otros tres cuerpos que fueron colocados sin respetar el protocolo de la Cruz Roja para fosas comunes, que dicta un espacio mínimo de 3 metros entre un cuerpo y otro para evitar contaminar los indicios de cada caso.

Manuel Alejandro fue enterrado en una fosa sin identificar cavada entre otras dos tumbas del panteón de la tenencia de Chichimequillas, un lugar que los policías ministeriales usan frecuentemente para enterrar cuerpos ante el número de casos de homicidios que se registran en el municipio de Zitácuaro.

A través de un funcionario de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), los familiares se dieron cuenta de que entre los cuerpos no identificados estaba su desaparecido y a partir de ese momento todas las instituciones gubernamentales se coordinaron para sacarlo de la fosa común y regresarlo con su familia.

La Comisión Ejecutiva Estatal de Atención a Víctimas (CEEAV) contactó a los funcionarios municipales necesarios para que en menos de cinco horas desde que se hizo el hallazgo el cuerpo fuera exhumado del panteón y fuera entregado a sus familiares, quienes quedaron impactados por la rapidez del trámite luego de varias semanas de lenta búsqueda y portazos en la cara por parte de las autoridades.

La FGE llamó a un grupo de peritos y agentes del ministerio público quienes llegaron al panteón ya con los documentos necesarios para desenterrar al desaparecido cerca de las 20:00 horas del sábado 4 de mayo, extrañando a vecinos y a los trabajadores de la funeraria que contrataron para poner el cuerpo en un ataúd y trasladarlo a otro panteón.

“¿Pero sí es legal?”, se preguntaban una y otra vez los enterradores que no estaban acostumbrados a la rápida forma de actuar de autoridades municipales y agentes de la FGE, quienes sin hacer preguntas llegaron directamente a la fosa común para desenterrar cuatro cuerpos y volver a enterrar tres.

La fosa común era un área sin identificar entre dos tumbas particulares en la sección más alejada del panteón de la tenencia, una zona que según el cuidador del cementerio los agentes ministeriales usan frecuentemente para inhumar los cuerpos de las personas no identificadas.

Por miedo a lo sobrenatural y una “mala espina” por la hora de la exhumación, el velador se fue del panteón dejando el candado abierto para que los agentes del Ministerio Público lo cerraran cuando acabaran de sacar el cuerpo del cementerio, incluso la funeraria se negó a realizar el entierro del cuerpo en otro panteón por lo inusual del caso y la familia tuvo que cavar la nueva tumba con sus propias manos al filo de las 23:30 horas de aquel sábado.

Este fue el primer hallazgo que hizo la Quinta Caravana de Búsqueda luego de exigir que se abrieran los archivos del Semefo y en el que la coordinación de autoridades estatales y municipales permitió que en tiempo récord se entregara el cuerpo del hombre que había estado desaparecido durante 20 días.

“Es increíble que haya sucedido tan rápido, digo, a nosotros nos alegra que este desaparecido ya esté con su familia, pero también nos queda claro que esta no es una fosa de los criminales, es una fosa del Estado y que sus familiares lo estaban buscando, nunca debió haber llegado ahí, lo tuvieron que entregar antes de enterrarlo”, dijo Evangelina Contreras, que además de madre fue coordinadora de la Quinta Caravana.

Una vez que el cuerpo de Manuel Alejandro fue entregado a sus familiares en un ataúd azul, los peritos de la FGE volvieron a cerrar la fosa con los otros tres cuerpos sin identificar adentro, ellos forman parte de los desaparecidos que ya fueron localizados por las autoridades pero que permanecen enterrados por la burocracia.

Triple desaparición

El caso que consolidó a la Quinta Caravana para la búsqueda de fosas clandestinas fue el de Evangelina Contreras Ceja, su hija, Tania Contreras Ceja, fue desaparecida junto con su padre, Cenobio, el 11 de julio de 2012, cuando un comando se la llevó frente a su casa en la tenencia de Caleta de Campos, del puerto de Lázaro Cárdenas.

Desde entonces Evangelina tuvo que huir del lugar por haber sido amenazada y a lo lejos busca a su hija integrándose a movimientos como el de la Caravana Internacional y a los colectivos de desaparecidos del estado de Michoacán.

Evangelina se enteró por un familiar que estuvo en las autodefensas del municipio de Aquila, que el 24 de diciembre del 2014 habían desenterrado dos cuerpos en un potrero de la localidad de Tizupan, un hombre y una mujer, y el varón traía botas de gamuza como las que solamente Cenobio usaba en el caluroso clima de la Costa Michoacana.

El hallazgo lo hizo personal del Ministerio Público del vecino municipio de Coahuayana por lo que de inmediato se trasladó para reclamar los cuerpos, pero cuando llegó le negaron información alguna y los ministeriales aseguraron que eso nunca había sucedido, así que Evangelina se dedicó a buscar la fosa por sus propios medios.

Pasaron cuatro años para que Evangelina pudiera recopilar la información que la llevó hasta la localidad de Tizupan, en el municipio de Aquila, en el 2018 por fin encontró un terreno con un potrero como el que le habían dicho los miembros de las autodefensas.

En la entrada del potrero encontró que la fosa nunca fue clausurada conforme dicta el protocolo y adentro de ella había ropa y un hueso que ella identificó como una rótula de la rodilla, sin embargo, tuvo que esperar más de un año para que hubiera condiciones de seguridad para regresar.

Evangelina pidió que la Quinta Caravana volviera a este lugar para seguir buscando los huesos de quien pudiera ser su hija, luego de que el Ministerio Público desapareció los cuerpos que encontró en el lugar, por eso los caravaneros estaban seguros de que iban a localizar algo durante la búsqueda que condujeron.

Durante un año preparó cada aspecto para que pudieran explorar la zona, Evangelina arregló que los “caravaneros” se hospedaran en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en la tenencia de Caleta de Campos y que familias de la zona les dieran tres comidas diarias apoyadas por la Arquidiócesis de Morelia y la Pastoral Social-Cáritas.

Entre las que prepararon el terreno estaba la activista Zenaida Pulido Lombera, ella fue una de las que organizaron que la caravana pudiera acudir a la zona y fue parte de la planeación para alimentar a todos los participantes, porque ella también tenía un familiar desaparecido.

Por su partición recibió amenazas de muerte junto a otras familias de la zona, incluidas las que vivían en la zona en donde estaba la fosa de Tizupan, cada día que pasaba después de que terminó la caravana los mensajes eran más claros hasta que el 21 de julio de 2019 se volvieron una realidad.

En el tramo de la carretera costera de Michoacán entre las localidades de Huahua y Pichilinguillo un comando agredió a tiros a la activista matándola al instante y dejando miembros de su familia heridos; ese mismo día todos los que habían recibido amenazas salieron del lugar dejando atrás cualquier esperanza de encontrar a sus desaparecidos.

“Su asesinato nos deja una profunda tristeza e indignación, porque el caso de Zenaida se une ahora a la lista en la que figuran decenas de víctimas que por buscar a sus seres queridos han recibido la muerte como castigo”, señalaron a través de un comunicado conjunto todos los colectivos involucrados.

Durante los cinco días que la Caravana de Búsqueda se instaló de esta tenencia de la costa presenciaron al menos dos convoyes de camionetas con sujetos armados a bordo, quienes se paseaban libremente por la carretera sin temor a ser vistos por autoridades estatales o federales.

Para las personas que viven en esta región es común ver cómo pasan los comandos por las calles con las armas en las manos y poco después detrás de ellos pasa la Policía Michoacán, el Ejército Mexicano o la Marina Armada de México.

Todo esto gracias a su sistema de “halconeo” distribuido a lo largo de la 200, la única carretera para llegar a Caleta de Campos desde el puerto de Lázaro Cárdenas ubicado a 67 kilómetros de distancia en los que hay varios puestos de vigilancia instalados por los criminales.

Por eso las familias están conscientes de que estaban en un territorio controlado por grupos de la delincuencia organizada, en donde el estado tiene una pequeña participación en lo que sucede en la vida diaria de los habitantes de la región.

Este es otro de los elementos que hace desconfiar a los familiares de los resultados de la búsqueda realizada por las autoridades, quienes además en una ocasión ya habían desaparecido cualquier huella de que Tania o su padre habían estado dentro de la fosa de Tizupan.

“Ya habían desaparecido los cuerpos que sacaron, Eva no pudo comprobar que sí era su hija porque ellos mismos (las autoridades) los volvieron a desaparecer, y ella tenía la ilusión de encontrar ahí algo que la pudiera llevar a su hija, entonces yo no me podía venir sin antes entrar ahí y ver con mis ojos que realmente no había nada y hacer lo que hicimos al final, limpiar bien la fosa”, dijo Tranquilina.

Por eso Tranquilina se lanzó sin pensarlo a la fosa, además ella también tiene una hija desaparecida, Mireya Montiel Hernández, quien desapareció a los 18 años en el estado de Morelos el 13 de septiembre del 2014, unos meses antes de que los peritos de Coahuayana perdieron los cuerpos que encontraron en Tizupan.

“Encontrar para mí son sentimientos encontrados, porque no quieres encontrarlos así, pero en este caso sí queríamos encontrarlos porque ya sabíamos que lo desaparecieron dos veces y esta vez iban a ser tres veces, una tercera vez eso no puede ser, no importa si hay que enseñarles cómo se trabaja”, aseguró Tranquilina.

Con los huesos que encontraron ahora sólo queda la esperanza de que aun tengan material genético para comparar el ADN con el de Evangelina, lo que no pudieron hacer con los cuerpos que desaparecieron, y así poder comprobar si se trata o no de su hija desaparecida.

“Voy a seguir luchando porque se analicen las muestras de ADN para saber si es mi hija, esto no se termina hasta que no sepa si mi hija está en esas fosas, o en alguna otra de las que sabemos que hay, apenas estamos empezando a desenterrar la verdad”, aseguró Evangelina.

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